Textos:
Dani
Gamero
¿Sigue Helloween
siendo Helloween? ¿Qué queda de una de las bandas
más grandes del power metal alemán? ¿Siguen
siendo grandes o han pasado a formar parte del montón después
de tantos cambios de formación?
Helloween
llega de gira a nuestro país para presentarnos su último
trabajo, “Rabbit Don´t Come Easy”. Después
de que Uli Kusch (batería) y Roland Grapow (guitarra) formaran
Masterplan, un proyecto propio que ha dado muy buenos resultados.
Para sustituir a estos monstruos han escogido a un joven guitarrista,
Sascha Gerstner (Freedom Call, que fueron teloneros de Blind Guardian
en la gira del año pasado) y a todo un señor ex, Stefan
Schwarzmann (Running Wild, Accept). Aunque para grabar el disco
en cuestión contaron con la colaboración de otro hermano
de Hamburgo (en este caso adoptado) Mikkey Dee de Motörhead,
pues todos saben la conexión de los Motörhead con Alemania
y en especial con Hamburgo, ciudad natal de Helloween, y también
escenario en donde el grupo de Lemmy grabó su grandioso disco
en directo “Everything Louder Than Everyone Else”.
En la
calle Almogàvers hay una cola tremenda de gente. La cola
va desde la entrada de la Razzmatazz hasta doblar por la calle Álaba.
Como esto va para rato, qué mejor que echar el rato en el
Bar Pepe, de la cercana calle Pamplona. Allí pasa el tiempo
y nos encontramos a Jordi, que está en nuestra misma situación.
Por lo que nos dice, los de la sala han abierto las puertas demasiado
tarde y no ha dado tiempo para entrar poco a poco a la gente. Una
pena porque esos detalles siempre los paga el telonero. De hecho,
por encima del Maneras de Vivir del Bar Pepe, ya suenan los primeros
acordes de los teloneros. Pero la gente sigue en la calle. Nos esperamos
un buen rato. La cola sigue siendo enorme y el grupo telonero, Meridian
Zero, ya lleva diez minutos en escena. El público de la cola
es muy joven. Muchas camisetas de power metal. Por fin entramos
en la sala, pero curiosamente, la primera sensación que tenemos
es que no está muy llena.
En
ese instante justo, los canarios Meridian Zero anuncian su último
tema. El grupo suena bien, están en esta gira española
de Helloween bajo el mecenazgo de Andi Deris y la verdad es que
van bastante en la onda musical que se les pide a unos teloneros
de Helloween. Ante todo destaca un bajo punteado con mucha personalidad.
Pero la ecualización, como a todo telonero que se precie,
no le acompaña.
Ya queda
poco para que empiece Rage. La verdad es que la última vez
que los vimos no nos acabaron de entusiasmar. Fue en Granada, el
año pasado, en una gira junto a Primal Fear y a Dio. En aquella
ocasión el sonido se volvió una pequeña bola
de sonido y pasaron sin pena ni gloria. Pero, claro, fue el sonido
que ahora le correspondería a Meridian Zero. Ahora quizás
les vaya mejor.
El chico
que prueba los instrumentos de Rage se envalentona con el inicio
del “The Clairvoyant” de los Maiden al bajo. El público
recompensa el detalle del chaval con una tremenda ovación.
Muchos de los presentes se creían que ya había empezado
el concierto. Tras esto, las luces se apagan. A escena llega el
miembro más querido de la banda en estos momentos, junto
con el originario Peavy Wagner al bajo y voz, el todo poderoso señor
Mike Terrana. El señor de la batería, el que para
muchos es uno de los mejores baterías del mundo. Terrana
se dirige al público con un: “Are you ready for the
power of rock?” En ese momento comienza la intro y Victor
Smolski aparece por la izquierda. Rage empieza a funcionar cuando
Peavy aparece con su bajo mirando al techo y pidiendo al público
seguir la melodía con las palmas.
Rage
nos sorprende por poseer un sonido claro y potente. Cada instrumento
suena a la perfección. De hecho, muchas veces cuando canta
Peavy deja de tocar el bajo y… ni te das cuenta de que no
suena el bajo. Pero en ese momento el guitarra da una nota sostenida,
pero… la melodía de la canción continúa
¿playback…? No. Terrana. Es impresionante como lleva
desde ahí detrás el ritmo completo de los temas. En
serio, este mitad cowboy, por los movimientos pistoleros que hace
con las baquetas en los tiempos muertos, y mitad indio, por el pelado
de cresta, a lo caballo loco, es para quedársele mirando
todo el concierto. Smolski también nos deleitó con
un solo de guitarra muy cortito pero dándonos a entender
que sabe a lo que se dedica. Este bielorruso, que salió a
escena con pantalón corto y camiseta con el número
quince del equipo de jockey sobre hielo de Michigan es todo un virtuoso
y uno de los detalles de su solo era que mantenía el punteo
sólo moviendo los dedos del mástil mientras que con
la otra mano pedía palmas para acompañar.
El solo
de Terrana, fiel a su estilo, empezó muy flojo y fue creciendo
en intensidad hasta alcanzar un ritmo devastador. La verdad es que
es un solo rápido, pero quizás carente de sentimiento,
de melodía. Hemos presenciado muchos mejores solos de tipos
mucho más desconocidos como el último concierto de
Dio, con el Carmina Burana de fondo. O sin irnos tan lejos, los
solos que hace Dani, en Saratoga.
El público
aplaudió y coreó los temas muchísimo, sobre
todo durante “Down”, “Don´t fear the winter”
y sobre todo “Higher than the Sky”, que cerró
un show de manera sobresaliente. No hubo ningún bis, pero
es que después iban Helloween, a los que agradecieron hacia
la mitad del concierto su invitación a hacer la gira junto
a ellos. Creo que en la siguiente canción fue cuando a Peavy
se le rompió la correa del bajo y el chico de los Rage, muy
atento, como todo un profesional, acudió en su ayuda, le
puso el micro a la altura adecuada para que Peavy pudiera cantar
y tocar el bajo sosteniéndolo apoyado en su muslo. Al momento
el chico trajo cinta adhesiva y todo solucionado.
Una
vez acabado el concierto de Rage y mientras suena el Powerslave
de Maiden de fondo. Nos damos cuenta de que el mismo Terrana es
el que se encarga de desmontar su batería personalmente.
Todo un detalle de amor al instrumento.
El escenario
de Helloween es más bien escaso. Una lona con su característico
logo. Unos paneles con calabazas y otros con el motivo de su último
disco: un conejo, una chistera y una calabaza. Antes de que las
luces de apaguen la gente ya puede ver con total claridad a través
de los paneles transparentes de las calabazas a todos los componentes
de la banda, la verdad es que quita un poco de emoción al
asunto cuando los ves rascándose antes de salir a escena.
Lo suyo es intuirlos entre el humo y la oscuridad. Pero qué
le vamos a hacer.
Los
primeros temas en sonar son “Starlight” y “Murderer”.
Después de estos temas, más o menos seguidos por el
público, llega la sorpresa. Deris se dirige al público
en su Spainglish de Canarias y nos pregunta si conocemos alguna
canción muy larga, de más de diez minutos, del álbum…
-vamos, dilo, dilo- …Keeper of the… - griterío
y júbilo- …seven keys! Sin duda una pieza genial que
en parte define muy bien lo que fue el concierto de Helloween de
esta noche. Si quieres convencer, no hay nada mejor que tirar de
discos clásicos. Y así hicieron y así se lo
agradecimos.
Los
nuevos componentes la verdad es que no aportan absolutamente nada
a la banda. El guitarra de dos metros y con cara de adolescente
repeinado es un absoluto contraste con la figura de Weikath, y no
tiene chispa ninguna. Sólo sabe sonreír tímidamente
desde su esquinita. Y el batería no tiene la garra de Uli,
y no se hizo notar en todo el concierto.
El siguiente
tema nos hace dejar de mirar extrañados la figura de flequillo
engominado de dos metros del escenario y volver al concierto. “Future
World” nos devuelve la confianza en el grupo, pero el sonido
no llega a romper del todo, no llega a ser del todo contundente
y por ello el tema pierde fuerza, como todos los demás. La
banda hace sus coreografías con la sección de cuerda
metálica en medio del escenario moviéndose todos a
la vez. Markus Grosskopf nos demuestra su simpatía y buen
hacer al bajo, pero sigue sin haber chispa que encienda el fuego.
Sólo quedan él y Weikath de los Helloween originales
y no lo aparentan.
Más
temas geniales de la banda fueron “Dr. Stein”, “Eagle
Fly Free” el mítico, aunque ya algo largo y pesado
“Power” y la impresionante “If I Could Fly”
del anterior trabajo The Dark Ride, donde Deris clavó la
voz. Acabaron puntualmente a las doce de la noche con “How
Many Tears” tras un solo bis, dejándose temas importantes
en el tintero. De hecho, el setlist que llevaban hasta ahora incluía
cuatro temas más.
La impresión
general es que podía haber sido mejor, pero que no estuvo
mal. La pena es que salieran al escenario con un poco de desgana.
Cierto es que tuvieron que suspender varios conciertos de su gira
por problemas de salud, y que el sonido no fue todo lo potente que
debiera. Pero eso no sustituye la magia que se debe dar en directo,
y que no apareció. Efectivamente, el conejo no es fácil
de sacar.
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